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El amor es eterno, al menos como tema. Los cambios sociales sitúan antiguas cuestiones en contextos nuevos. Desde la instauración de la democracia en España, la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres ha sido abrazada por la grandísima mayoría de la sociedad. En consecuencia, el ideal de mujer ha evolucionado y las nuevas generaciones han dejado muy atrás la feminidad tradicional. ¿O no?

En la actualidad, las mujeres gozan de libertad para elegir la vida en pareja o la soltería, para tener descendencia o no tenerla. Sin embargo, persisten ciertos prejuicios. La incorporación masiva de mujeres de todas las clases sociales al mundo laboral y su independencia económica, han hecho de la conciliación un reto y de la corresponsabilidad una necesidad sin resolver. Aunque algunos de los prejuicios familiares sobre las mujeres persistan, se han alterado los roles tradicionales de género y ello ha tenido consecuencias emocionales en la convivencia.

Lo que está claro es que ellas ya no son esa “señorita tranquila y sencilla” a la que cantaba Mari Trini, la que perdonaba la infidelidad y callaba. Ellas ya no son esa que algunos todavía imaginan. Ellas somos nosotras.