En los sucesivos confinamientos nos hemos visto obligados a aislarnos y a replegarnos sobre nosotros mismos. En este contexto internacional no estábamos solos pero, inevitablemente, surgió la necesidad de una ‘huida reflexiva’ que nos ha confrontado con nuestra vida interior (o su falta). El aislamiento ha provocado un sentimiento de soledad – la otra pandemia que nos asola – y ésta a su vez, ha hecho aflorar un rico abanico de reflexiones sobre la felicidad: desde el impacto de las normas sociales en nuestras vidas, al papel de las amistades, el amor de pareja, la vida social o la búsqueda de la autoconsciencia. ¿Tenía razón Fray Luis de León al ensalzar la “descansada vida del que huye el mundanal ruido” para seguir “la escondida senda” que conduce a la sabiduría?